Estudios — 6 mayo, 2014 a las 4:16 pm

Un hígado graso puede provocar modificaciones riesgosas

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El hígado tiene un papel vital en el cuerpo humano. Tiene muchas funciones, como producir bilis, una sustancia necesaria para digerir las grasas. Cuando se lo sobreexige en forma repetida y en gran proporción, puede aparecer un trastorno poco difundido y que casi no da síntomas: el hígado graso no alcohólico. Todo y que en la mayoría de los casos se controla con dieta y ejercicio, en un bajo porcentaje puede desembocar en cirrosis.

“Hay dos tipos de hígado graso no alcohólico. Puede ser el simple, también llamado esteatosis pura, que es sólo grasa, y la esteatohepatitis, cuando también hay inflamación. Este último es el que puede evolucionar a cirrosis”.

Quienes padecen de la forma menos riesgosa no suelen adquirir la esteatohepatitis, aunque “no está comprobado” al 100%.

Entonces, ¿cuáles son las comunidades en riesgo? Los que tienen síndrome metabólico, aumento de los lípidos en sangre (colesterol y triglicéridos), obesidad o diabetes tipo II, son los que están más expuestos a poder contraer la enfermedad (estos factores de riesgo muchas veces se encuentran combinados).

“Un alto porcentaje de las personas con síndrome metabólico —asociado a sobrepeso, diabetes e hipertensión arterial— tiene hígado graso”, comentan los expertos, y está “abocado a la hepatología”.

Las personas que muestren estos niveles de riesgo, deben hacerse una ecografía de hígado y un examen de laboratorio hepático. Así se favorecerá la detección temprana del hígado graso no alcohólico y se podrá evitar el avance de la enfermedad.

Esta alteración está poco difundida no sólo en la población general sino también entre la comunidad médica. Son los endocrinólogos, los nutriólogos, los médicos clínicos y los cardiólogos los que reciben pacientes con las citadas patologías, y por ende deben estar atentos a este trastorno hepático.

Complica el descubrimiento del trastorno el hecho de que habitualmente no presenta síntomas, aunque el 40 por ciento de quienes tienen esteatohepatitis sufren de dolor en la parte derecha del abdomen y con frecuencia el estudio de laboratorio hepático muestra alteraciones.

Ante un diagnóstico de hígado graso no alcohólico suele aparecer el temor a la cirrosis.

“No más de un 3 a un 10 por ciento de los que tienen el tipo esteatohepatitis va a desembocar en cirrosis hepática, según estadísticas”.

¿Qué podemos hacer ante la detección del hígado graso? En primer lugar se le indica al paciente una dieta y ejercicios físicos porque se comprobó que bajar de peso mejora la función del órgano. Hay algunos que no consiguen reducir el peso y mantienen el estudio de laboratorio del hígado alterado. En estos casos, se necesita una punción hepática con aguja fina para descubrir qué tipo de hígado graso tiene. Si se encuentra un hígado muy inflamado y con fibrosis, el diagnóstico será esteatohepatitis y habrá que darle medicación.

“Cuando la inflamación del hígado se transforma en fibrosis (formación de tejido duro que achica el órgano) el paciente puede desarrollar cirrosis”.

Hay fármacos en investigación que han demostrado (en estudios preliminares) su capacidad para disminuir la fibrosis en el hígado. Y en la actualidad, si bien no hay una medicación específica para esta patología, se comprobó que la metformina, aprobada para la diabetes, también es útil para la reducción de la fibrosis.

Las personas que padecen de esteatosis hepática no alcohólica deben bajar de peso por medio de un plan alimentario y realizar actividad física para evitar la progresión de la alteración.

“Un descenso de peso de apenas un 5 al 10 por ciento permite obtener resultados favorables en el paciente. Se describe una mejoría de los trastornos funcionales (reducción de los niveles elevados de enzimas o transaminasas) y de las alteraciones inflamatorias de las células hepáticas”.

Es conveniente evitar los dulces y las grasas, sobre todo las de origen animal, y dar preferencia a los alimentos que contienen almidón y fibras de origen vegetal. Restringir el consumo de alcohol, además de limitar la incorporación de alimentos con fructosa (este endulzante presente en gaseosas, golosinas, jugos concentrados y alimentos elaborados).

Hoy en día se acepta que el origen de la esteatosis hepática no alcohólica está en una falla en la acción de la insulina. Los pacientes son menos sensibles a los efectos de la hormona insulina que regula la entrada y el consumo de la glucosa, así como la captación y el depósito de grasas en diversos tejidos. Por eso “el tratamiento apunta a mejorar el factor causal subyacente, es decir, a aumentar la sensibilidad de sus células a los efectos de la insulina”.

Acerca de 

Mi profesión que es la nutrición encierra muchos logros y éxitos que llegan por sí solos cuando veo a cada uno de mis pacientes preocupados e interesados por conocer cuál es la manera ideal de llevar buenos hábitos y aprender las formas y los modos de tener una mejor calidad de vida.

Soy parte del Grupo Obegenics (Science in Nutrition) que nació por el compromiso con México para poder contribuir a combatir el alto grado de obesidad en nuestro país.

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