Lifestyle — 22 diciembre, 2014 a las 9:54 am

¿El jet lag engorda?

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02B66930 Las personas somos los únicos seres que nos encontramos condenados a seguir unos horarios impuestos.

Según una investigación publicada en la revista científica Cell, los microbios intestinales de los ratones, así como los de los seres humanos, tendrían ritmos circadianos controlados por el reloj biológico del huésped en el que residen. El estudio, liderado por Eran Elinav, inmunólogo  del Instituto Weizmann de Ciencias de Israel, podría innovar sobre otras investigaciones anteriores, que relacionan la alteración de nuestro reloj interno con una amplia gama de trastornos metabólicos, como la obesidad, la diabetes, el cáncer y las enfermedades vasculares.

Los ritmos circadianos constituyen la maquinaria que sincroniza los procesos fisiológicos con los estados de sueño y vigilia, y sus agujas se mueven en función de estímulos como la luz del sol o la ausencia de ella durante la noche. Por ese motivo trasnochar hace estragos en nuestras neuronas. O tras un vuelo de larga duración, sufrimos el fatídico jet lag, del que necesitaremos unos días para reponernos y recuperar nuestro ritmo habitual.

Un gran número de investigaciones ha vinculado algunos hábitos característicos del estilo de vida actual, tales como viajar con relativa frecuencia hasta desarrollar desfase horario crónico o trabajar por turnos, con una alta propensión a desarrollar enfermedades metabólicas.

02G15302Elinav se planteó determinar si la microflora del intestino podría ser el eslabón perdido entre la alteración de los patrones de vigilia-sueño y el desarrollo de ciertos trastornos metabólicos. Para probar su hipótesis, el investigador y su equipo experimentaron con ratones a los que alternaron los ciclos luz-oscuridad incidiendo así en su ritmo circadiano, además de administrarles una dieta alta en grasa. Cuando analizaron las muestras de heces de estos animales y las compararon con ratones ajenos, observaron que la microflora intestinal de los primeros había sufrido alteraciones en su composición, además de perder eficiencia en funciones como el crecimiento celular, la reparación del ADN y la desintoxicación.

“Los microbios se encuentran en nuestras entrañas, por lo que nunca están directamente expuestos a los ciclos de luz y oscuridad. Por eso fue toda una sorpresa descubrir que el microbioma intestinal de los ratones estaba tan afectado por las interrupciones de estos ciclos”, detalla Elinav.

Una vez descubierta esta sincronización simbiótica de relojes entre microbios y ratones, el equipo quiso ir un paso más allá. “Los resultados evidenciaban que no es solo el tipo de alimento lo que importa para mantener a las bacterias intestinales saludables, sino también el momento de la ingesta de estos. La interrupción de los ritmos circadianos, que incluye la alteración de los tiempos de alimentación, afecta negativamente a la homeostasis bacteriana, que a su vez promueve la obesidad en los ratones, y queríamos comprobar si este hallazgo se podía aplicar también a los humanos”, añade el investigador.

Airplane at TerminalPara confirmar su experimento, tomaron muestras de heces de pasajeros que habían viajado en avión de Estados Unidos a Israel y que habían experimentado desfase horario. Tras analizar estas muestras encontraron un cambio en las funciones y composición de los microbios intestinales, similar al encontrado en los ratones y característico de trastornos asociados a la diabetes.

“Aunque solo se trata de un estudio preliminar, los resultados sugieren que la microflora humana también sufre los cambios de día-noche en su composición, favoreciendo el crecimiento de bacterias implicadas en las enfermedades metabólicas como la obesidad”, añade el científico.

La investigación de Elinav podría abrir líneas de investigación más amplias con relación al estudio de los trastornos metabólicos. “El hallazgo ofrece un nuevo camino para que se pueda utilizar en futuros tratamientos para normalizar la microflora en aquellas personas cuyo estilo de vida implica alteraciones frecuentes en los patrones de sueño”, añade el inmunólogo. Mientras la ciencia avanza para encontrar mayores evidencias que sugieran una relación entre el jet lag y la obesidad, algunos quizás se lo piensen más de dos veces a la hora de enredar tanto en las manecillas del reloj que todos llevamos dentro.

Acerca de 

Mi profesión que es la nutrición encierra muchos logros y éxitos que llegan por sí solos cuando veo a cada uno de mis pacientes preocupados e interesados por conocer cuál es la manera ideal de llevar buenos hábitos y aprender las formas y los modos de tener una mejor calidad de vida.

Soy parte del Grupo Obegenics (Science in Nutrition) que nació por el compromiso con México para poder contribuir a combatir el alto grado de obesidad en nuestro país.

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