Nutrición — 14 septiembre, 2015 a las 12:04 pm

Soya, ¿más recomendable que cualquier otro proteico?

Por

soya beneficios

Si preguntas a la gente si la soya es sana, con casi toda seguridad la respuesta será afirmativa. Realmente esto no es nada extraño si lo piensas: publicidad, publicidad y más publicidad pro soya. Cuando te repiten una y otra vez que algo es bueno y encima te encuentras con ello prácticamente en todas partes, lo último que se te puede ocurrir es ponerlo en duda. Pero… ¿Qué hay detrás del marketing? ¿Realmente son sus beneficios de la magnitud que nos quieren hacer creer?

La soya es un vegetal y como vegetal que es, que contenga una gran cantidad de proteína no es nada común. ¿Quizás podríamos llamarlo “supervegetal”? Pues sí, podríamos. Al fin y al cabo posee unas propiedades que no son normales dentro de su familia de alimentos. Pero, ¿quiere decir esto que sea más saludable, más nutritivo, más beneficioso o más recomendable que cualquier otro alimento proteico? ¡Por supuesto que no! Y es aquí donde está el engaño, nos intentan vender un coche de segunda mano a precio de un Ferrari nuevo. Porque piénsalo, si te venden algo bajo la premisa de que es sano, directamente ya lo vas a asociar a alto precio, precio que por otra parte vas a estar dispuesto a pagar dado que: “Estás invirtiendo en ”.

Pero ¿y si te digo que elaborar alimentos con soya es muy barato? Pues es así, el precio de la soya se multiplica por 8 al llegar al mercado, un aumento totalmente influenciado por lo que nosotros estamos dispuestos a pagar por alimentos más saludables.

La cosa queda así: tenemos un alimento con propiedades no comunes y trabajar con él es barato. Pues exagero sus beneficios con publicidad engañosa y lo vendo a precio de oro. ¿Resultado? Un promedio de rentabilidad del productor de soya del 34%, una de las más altas de toda la economía.

Con esta impresionante rentabilidad económica no es de extrañar que el incremento de su producción a lo largo de los años haya ido de los 27 millones de toneladas en los años 60, hasta los 320 millones que se producen en la actualidad (2015). Y este crecimiento seguirá ya que según algunos expertos esta cifra aumentará hasta los 514 millones en el año 2050.

¿Y quién lidera la producción? Estados Unidos es el país que más terreno dedica a la producción de soya. Como ya habrás imaginado, esto tiene un efecto directo y devastador sobre el ecosistema del planeta, concretamente en su deforestación. Por ejemplo, en Brasil (segunda potencia mundial en su producción), los cultivos de soya le ganan terreno a la selva haciendo protagonistas a la tribu de los Guaraníes, dado que en 2014 han sido la tribu con el índice de suicidios más elevado del mundo. Su desesperación por tener cada vez menos tierra donde vivir los ha llevado a la cifra de 684 suicidios en tan solo 13 años, siendo en 2013 de incluso un suicidio por semana. ¡Una barbaridad!

Aún no hemos hablado de los “supuestos beneficios” de la soya, pero de verdad, ¿no ves algo raro en todo esto? Porque yo sí. Dinero, dinero y más dinero. Mucha purpurina por fuera para no dejar ver lo negro del interior.

Y ahora sí, pongamos en la palestra sus problemas, digo sus mágicas propiedades:

Soya transgénica

Sin entrar en un debate simplista sobre los transgénicos en general, sobre si son buenos o malos, vamos a imaginar que alterar un alimento para otorgarle mejor sabor o mayores propiedades nutricionales es algo que se hace con buena intención y que dentro de lo que cabe, es aceptable. De acuerdo, la mayor parte de la soya es transgénica. ¡Pero no alteran sus propiedades por mejorar nuestra salud!

Al cultivo de soya le afectan todo tipo de plagas y enfermedades. Las modificaciones genéticas que se le hacen son únicamente para poder fumigar las cosechas sin preocupación de dañar el propio vegetal. Aparentemente no hay restos de estos pesticidas en la soya que los humanos consumimos dado que no nos meteremos a valorar (por falta de evidencia científica) la creencia de algunos expertos, acerca de que estos tóxicos acaban en el interior de la planta. Pero es que resulta que la mayor parte de la soya se destina al consumo animal, principalmente de cerdos y pollos. ¿Crees que esa soya tiene unos controles exhaustivos? Permítanme que lo dude bastante al igual que  poner en duda si no nos han introducido soya tóxica a traición en nuestra cadena alimenticia.

Composición de nutrientes

Vegetal rico en proteínas, bajo en carbohidratos, rico en ácidos grasos Omega 3 y 6, reduce ciertos tipos de cáncer, el colesterol y la presión arterial, etc. Para empezar, tenemos que partir de la base de que la mayoría de los estudios que avalan los beneficios de la soya están financiados por sus propios productores. Es decir, invierten en marketing.

Pero, ¿qué pasa si lo analizamos a fondo? A ver, composición de macronutrientes: 30% de hidratos de carbono, 36% de proteínas y 20% de grasas. De momento ninguna sorpresa, altamente proteico.

Durante años, la soya ha sido el principal alimento que sustenta el aporte proteico en la vegetariana y vegana. Sin embargo, aun conteniendo gran cantidad de aminoácidos, lo cierto es que les falta algunos de los esenciales para producir nuestra propia proteína. Por tanto, no es saludable basar todo el aporte proteico de la en calidad de soya como hay quien defiende. Uy, ¡primera sorpresa!

Además, tampoco contiene ornitina ni glutamina (aa condicionales), siendo este último muy importante para la formación de colágeno endógeno, el más importante para la regulación del equilibrio ácido-base en el organismo y esencial para la síntesis proteica. Esto significa que su ausencia se traduce en pérdida muscular y envejecimiento físico (se arruga la piel).

¡Segunda sorpresa!

Y ahora hablemos de los aminoácidos que sí que contiene. ¿Son biodisponibles? En este aspecto hay controversia, dado que dos sistemas diferentes de medición de biodisponibilidad otorgan a la soya extremos de puntuación contrarios, muy bajo y muy alto. Algunos expertos señalan a una sustancia inhibidora de la tripsina (enzima digestiva involucrada en la absorción proteica y asimilación de algunas vitaminas) contenida en la soya como responsable de este debate. Como no hay nada claro, lo dejaremos en incógnita aunque como quizás sea cierto diremos que: ¡tercera sorpresa!

Alergénico

El producto de la soya es bastante alergénico dado que existen muchísimas personas sensibles a ella. Como es de esperar, su bajo precio lo hace estar en casi todos los alimentos procesados algo que es un problema para todas estas personas.

Interferencia en la absorción de elementos minerales

La soya cruda o cocinada es alta en ácido fítico el cual interfiere de forma directa en la absorción de algunos minerales como el calcio, magnesio, cobre, hierro o zinc. A esto debemos hacerle un apunte, y es que si la soya se fermenta pierde esta sustancia, algo que por otra parte, bien saben los orientales dado que principalmente la consumen en este formato.

Salud

El alto contenido en fitoestrógenos de la soya lo ha relacionado con ciertos tipos de cáncer como el de útero o el de mama. Por otra parte, también se ha visto asociado con la reducción de otros como el de próstata.

Pero aquí no acaba la cosa, ya que algunos estudios relacionan el consumo de soya con alteraciones del sistema nervioso central, aumento de la ansiedad, el estrés y la irritabilidad, alteraciones del sistema inmune y nervioso central, alteraciones hormonales y sexuales, y problemas con el funcionamiento de la tiroides.

¿Es la soya responsable de todos estos síntomas? Pues la verdad es que no. Aún hay demasiadas zonas grises en estas investigaciones como para poder afirmar con rotundidad que la soya es responsable de cualquiera de los problemas citados. Y esto se debe a que, si bien existe una correlación, esta no implica causalidad. Al igual que esto sucede con sus supuestos problemas sucede también con sus supuestos beneficios. Sin embargo, los fabricantes sí que explotan determinadas correlaciones existentes entre soya-salud para afirmar, sin ninguna evidencia de peso, sus “mágicas propiedades”. Y es aquí realmente donde reside el engaño.

Pero dentro lo más alarmante después de lo que hemos comentado, es que otro negrito en el arroz para la soya sería una ¡cuarta sorpresa!, y es que el aceite de soya es altamente diabetogénico y no se diga, obesogénico también según esta última publicación:

Soybean Oil Is More Obesogenic and Diabetogenic than Coconut Oil and Fructose in Mouse: Potential Role for the Liver

En donde se ve que la epidemia de obesidad en los EE.UU. ha dado lugar a una amplia investigación sobre los posibles factores de la dieta que contribuyen a este ambiente, especialmente la grasa y fructosa. Recientemente, el aumento del consumo de aceite de soya, que es rico en ácidos grasos poliinsaturados (PUFAs), ha sido propuesto para desempeñar un papel causal en la epidemia.

“En la actualidad existe un debate considerable, tanto en la literatura científica, así como la prensa no especializada en cuanto a que los componentes de la dieta de los estadounidenses son los más propicio a la obesidad. Dado que los estudios de la dieta en los seres humanos implican un gran número de variables, la mayoría de los cuales no pueden ser controlados adecuadamente, en este estudio hemos utilizado ratones y dietas hipocalóricas definidas con precisión para comparar los efectos metabólicos de la grasa saturada del aceite de coco, las grasas no saturadas de aceite de soya y la fructosa . Hasta donde sabemos, este es el primer estudio no sólo para comparar los efectos de estos tres factores de la dieta en ratones, sino también para realizar perfiles de expresión y la metabolómica (ciencia que estudia los intermediarios metabólicos)  de los hígados de animales alimentados con una dieta enriquecida soya-aceite. Nuestros resultados indican que, contrariamente a lo esperado, el aceite de soya rico en PUFA es más propicio a la obesidad y diabetógenico que el aceite de coco, que consiste principalmente de grasa saturada. También muestran que la fructosa es menos propicio a la obesidad de aceite de soya y revelan una morfología de hígado graso inducida por el aceite de soya, así como una desregulación de los genes los genes asociados a la enfermedad y metabolitos en el hígado. Estos efectos en el hígado del ratón podría ser clínicamente relevante como hígado graso no alcohólico, un componente del síndrome metabólico y esto  se estima que estará presente en el 20-30% de los adultos en los EE.UU. y el 10.3% de los niños”.

Como podemos apreciar en este artículo, este tipo de aceite puede ser de lo peor para su consumo y debemos estar alertas en que llevamos a la mesa y a nuestros hijos, además acota esto último:

“El aumento de la obesidad en los EE.UU. durante el último medio siglo coincide con un cambio en la preferencia dietética lejos de las grasas saturadas de productos animales y hacia las grasas no saturadas de origen vegetal. Ese cambio se debió en gran parte a los resultados del Estudio de los Siete Países, que fue publicado en 1970 e implicó a las grasas saturadas como el factor causal de enfermedad cardiovascular. Al mismo tiempo, la soya fue promovida para el cultivo y comenzaron a recibir considerables subsidios federales. Como consecuencia, el aceite de soya pronto se convirtió en el aceite de elección para el hogar, así como cocinas comerciales en los EE.UU. Los resultados presentados aquí sugieren que este cambio en la dieta, mientras que tal vez beneficioso para la salud cardiaca, puede haber agravado otros problemas, tales como la obesidad, diabetes, intolerancia a la glucosa, resistencia a la insulina e hígado graso. Además, nuestros resultados muestran que el aceite de soya es capaz de inducir estos efectos metabólicos negativos incluso en el contexto del aceite de coco, que es rico en triglicéridos de cadena media (MCT) que han demostrado ser anti-obesidad, anti-inflamatorio y la propiciar mayor sensibilidad a la insulina.”

 

Bibliografia:

Suárez López, M. M., Kizlansky, A., & López, L. B. (2006). Evaluación de la calidad de las proteínas en los alimentos calculando el escore de aminoácidos corregido por digestibilidad. Nutrición hospitalaria, 21(1), 47-51.

De Luna Jiménez, A. (2006). Valor nutritivo de la proteína de soya. Investigación y Ciencia, 14(36), 29-34.

Joint, F. A. O., & World Health Organization. (1991).Protein quality evaluation: report of the Joint FA.

Oliveira, G. P., Dias, C. M., Pelosi, P., & Rocco, P. R. (2010). Understanding the mechanisms of glutamine action in critically ill patients. Anais da Academia Brasileira de Ciências, 82(2), 417-430.

Waddell, D., & Fredricks, K. (2005). Effect s of glutamine supplement on the skeleta l muscle contractile force of mice. Am J Undergr Res, 4, 11-8.

García, B. E., Gómez, B., Arroabarren, E., Garrido, S., Lasa, E., & Anda, M. (2003). La alergia alimentaria en el siglo XXI. In Anales del sistema sanitario de Navarra (Vol. 26, pp. 07-15). Gobierno de Navarra. Departamento de Salud.

Nordlee, J. A., Taylor, S. L., Townsend, J. A., Thomas, L. A., & Bush, R. K. (1996). Identification of a Brazil-nut allergen in transgenic soybeans. New England Journal of Medicine, 334(11), 688-692.

Tezuka, H., & Imai, S. (2015). Immunomodulatory effects of soybeans and processed soy food compounds. Recent patents on food, nutrition & agriculture.

Varinska, L., Gal, P., Mojzisova, G., Mirossay, L., & Mojzis, J. (2015). Soy and Breast Cancer: Focus on Angiogenesis. International journal of molecular sciences, 16(5), 11728-11749.

Karsli-Ceppioglu, S., Ngollo, M., Judes, G., Penault-LLorca, F., Bignon, Y. J., Guy, L., & Bernard-Gallon, D. (2015). The Role of Soy Phytoestrogens on Genetic and Epigenetic Mechanisms of Prostate Cancer. The Enzymes.

He, J., Wang, S., Zhou, M., Yu, W., Zhang, Y., & He, X. (2015). Phytoestrogens and risk of prostate cancer: a meta-analysis of observational studies. World journal of surgical oncology, 13(1), 231.

Messina, M. (1994). Los alimentos de soya y su papel en la prevención de enfermedades crónicas. México: ASA.

Soybean Oil Is More Obesogenic and Diabetogenic than Coconut Oil and Fructose in Mouse: Potential Role for the Liver

Poonamjot Deol,

Jane R. Evans,

Joseph Dhahbi,

Karthikeyani Chellappa,

Diana S. Han,

Stephen Spindler,

Frances M. Sladek

Acerca de 

Mi profesión que es la nutrición encierra muchos logros y éxitos que llegan por sí solos cuando veo a cada uno de mis pacientes preocupados e interesados por conocer cuál es la manera ideal de llevar buenos hábitos y aprender las formas y los modos de tener una mejor calidad de vida.

Soy parte del Grupo Obegenics (Science in Nutrition) que nació por el compromiso con México para poder contribuir a combatir el alto grado de obesidad en nuestro país.

Deja un comentario