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Nos hemos acostumbrado a vivir con el sobrepeso y la obesidad y poco pensamos en las consecuencias que esto puede tener. Parecen dos palabras más de nuestro vocabulario, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) no quiere que pasen desapercibidas y habla de ellas en términos de epidemia global. Tanto es así que nos dirigimos a una crisis de obesidad en 2030.

Los datos hablan por sí solos. La última Encuesta, señala que hay 6.4 millones de habitantes con diabetes.

Ante estas alarmantes cifras cabe preguntarse qué falla entre los mexicanos. ¿Qué pasa entonces?.

¿Podría decirse que México es un país manco en su alimentación o es exageración?

No es exagerado. De hecho, es bastante ilustrativo. Tenemos algunas cosas que son salvables, tenemos muy buenas materias primas y muy buenos alimentos; pero la dieta no es tan saludable porque hemos incorporado productos alimentarios de muy baja calidad, como los ultraprocesados. Tengamos nuestra fruta, nuestro tortilla, nuestras verduras y nuestros frijoles… da un poco igual cuando metes a la vez una galleta y los cereales del desayuno azucarados.

¿Hay momentos en que vamos peor?

En la comida y en la cena podemos decir que la gente come más sano porque seguimos un menú más o menos convencional. El problema es cuando nos vamos a la merienda, a la media mañana y especialmente al desayuno. Las tres son ingestas de muy mala calidad, con productos muy refinados y muy azucarados. Eso es lo que está haciendo que nuestra dieta falle.

¿Son este tipo de productos los culpables o hay otras causas?

Hay causas a todos los niveles. Nuestros supermercados estén llenos de todos estos productos es simplemente una consecuencia. La consecuencia ambiental de que no hay una buena legislación, de que no hay una buena educación del consumidor, de que no hay una formación sanitaria para poder formar correctamente a la gente… Que tampoco haya ningún control de la publicidad, que los menús escolares sean deplorables… Es un conjunto de factores en un panorama alimentario muy muy malo.

¿Quién es el culpable de que vivamos en este panorama? ¿Quién nos tiene que enseñar a comer bien?

La responsabilidad es de las instituciones gubernamentales, que tiene que formarnos, educarnos y controlar a qué estamos expuestos. Es salud pública. Cuando el Estado no controla a qué se expone su población, ésta va a desarrollar enfermedades derivadas de esa exposición. Nos expone a publicidad, una oferta de muy mala calidad, unos menús (de centros escolares y hospitalarios) muy deficientes… y todo esto hace que acabemos con estas tasas de enfermedades no transmisibles.

Unas tasas que no bajan…

Estamos entre los tres primeros países del mundo en obesidad infantil. Nos reímos mucho de que los americanos adultos están muy gordos y no somos conscientes de que en México en sobrepeso adulto estamos fatal, pero en infantil estamos en los campeones.

¿De verdad que el Gobierno no está tomando ninguna clase de medida?

Está tomando las medidas contrarias y a sabiendas, que es lo peor de todo. ¿Y por qué a sabiendas? Si analizas qué implementación política tiene que hacer un país para promover la buena alimentación de sus ciudadanos, en México hacemos justo lo contrario. Un ejemplo: precio y exposición de frutas y verduras en los centros escolares. La recomendación dice que debe haber fruta y verdura disponible y a poder ser de manera gratuita. ¿Nosotros qué tenemos?  tiendas con comida de muy mala calidad y puestos de comida chatarra.

Nos vamos a la publicidad: nunca podrán aparecer famosos fomentando comida basura y deberán incluirse en campañas promocionales de la dieta saludable. Luego dicen que el personal sanitario debe estar actualizado y formado y tú vas al doctor, y lo que te da el doctor es una fotocopia del cajón que dice: ‘De ahora en adelante el “plato del bien comer” “Tome usted cuatro galletas maría y bolillo con jamón york” o bájele al refresco, eso es lo que te dice.

Y así constantemente. Cuando la gente no está educada en un comportamiento alimentario saludable, esto simplemente es una consecuencia. No lo digo yo: es una evidencia científica aplastante de los países que lo están haciendo bien y de los países que lo están haciendo mal.