Los ácidos grasos omega-3 se encuentran principalmente en pescados grasosos, de colores, como salmón, trucha salmonada, atún fresco, anchoa o sardinas. Su aumento en la dieta o la suplementación del omega-3, es parte clave para ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina y disminuir los triglicéridos.

Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 tienen una amplia reputación como agentes protectores frente a la inflamación y el dolor. El efecto protector se debe sobre todo a la inhibición de las sustancias inflamatorias así como a la formación de nuevos lípidos bioactivos, las resolvinas y protectinas, con un papel esencial como mediadores químicos en la resolución de la inflamación.

omega-3-5-237x300Las resolvinas y protectinas dos lípidos derivados de los ácidos grasos omega-3, muestran su faceta protectora frente al hígado graso relacionado con la obesidad.

La hipótesis de que el consumo de este tipo de grasas podría proteger también del daño hepático relacionado con la obesidad ha tomado cuerpo en fechas recientes con el descubrimiento del papel positivo de las resolvinas y protectinas sobre el hígado enfermo. El cúmulo excesivo de grasa corporal puede provocar el mal funcionamiento del hígado y dar lugar a esteatohepatitis (hígado graso no alcohólico con inflamación) y a otras complicaciones como la resistencia a la insulina, que puede derivar en diabetes tipo II.